No paro de ver posts en Instagram de que hay que hacer para sanar una relación. Que hay que olvidar. Que no hay que contactar a la otra persona. Que hay que seguir hacia delante.
Y puedes que tengan razón. Puede que cada día que pase este mejor que el anterior. Pero ¿Y si no quiero sanar?
Al menos no ahora. Quiero sentir el dolor porque eso significa que fue real, que lo luchamos de verdad. Que nos hemos dejado ir con los corazones llenos de amor. Y si, lo que necesito está en ver sus likes en Instagram, ahogarme en la incertidumbre de si algún día encontraré a alguien que me haga sentir como ella, en qué tal vez el que no valga la pena soy yo.
¿Y si no quiero sanar? Y lo que quiero es sane ella y verla feliz con sus amigos y sus planes. Y que me escriba de vez en cuando contándome todos los viajes que va a hacer este verano.
En algún momento, en algún momento me encantaría quererme tanto como ella me quiso.
Y creo que lo que más duele es que jamás nos ha faltado el amor. Que nos hemos hecho daño porque no éramos el uno para el otro pero hemos luchado toda la relación creyendo que no era así.
También me ahogo en ojalas. Ojalá hubiera prestado más atención. Ojala ella hubiera disfrutado de mi filosofía o de mi ciencia. Ojalá.
Y luego hay otra cuerda, que aprieta y no suelta, que ahoga, que hace crujir todos los huesos de mi cuerpo. El tiempo no para, ni por ti ni por nadie.
Y aun así nos quedamos luchando por nosotros.
Te quiero,
Pablo